Rousseau: el buen salvaje ilustrado.

“Prefiero ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios” .

Casi todos los historiadores señalan que la vida de este filósofo ginebrino no es más que una serie de catastróficas desdichas. Rousseau, un polímata del s. XVIII, quiso ser músico, y aunque compuso algunas obras, no le salió bien. Quiso ser pedagogo, pero el destino quiso que abandonase a su prole una y otra vez, hasta en cinco ocasiones. También quiso ser popular y querido por todos, un influencer, vaya. Y esto…, esto lo consiguió en cierto modo, aunque nunca llegó a disponer del ánimo y carisma necesarios para ser aceptado socialmente. Nunca se quitaría de encima la etiqueta de “nerd”.

En él conviven el caracter de hombre ilustrado, capaz de ejercer un gran influjo en toda la filosofía posterior a él (sobre todo en Kant), con una inestabilidad mental y emocional que le llevó a encerrarse en sí mismo hasta el punto de convertirse en su propio objeto de investigación científica. Su pensamiento era capaz de movilizar a las masas (véase el escaso tiempo que pasa desde “El Contrato social” de 1762 hasta la Revolución parisina de 1789) y, al mismo tiempo, ganarse la enemistad con el más relevante de los filósofos de la época, el gran Voltaire, quién no escatimó en recursos de ningún tipo para desacreditar al ginebrino.

Rousseau no es solo racionalista, empirista, romántico o idealista. Rousseau es más que eso. Por eso unos y otros lo reclaman como suyo, porque no es más que una personalidad forjada a sí misma.

Suele decirse que su pensamiento encaja perfectamente con el de la Ilustración en general. Y a pesar de que esto es cierto, no deja de ser llamativa la continua disputa que mantiene con todos ellos. Él se negaba a aceptar que el “progreso” es aquello de lo que sus contemporáneos hablaban. Para él, ese modo de estar en el mundo no había hecho más que corromper al ser humano, alejando al individuo de su esencia; vivir conforme a la naturaleza.

Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre” (Emilio o de la educación, 1762)

Repasemos primero cuál era el ambiente en el que surge este pensador con un breve resumen de la Ilustración:

Y si lo que te pide tu naturaleza de homo videns es poner en marcha tus neuronas de otra forma, aquí os dejo un fantástico documental en dos partes que os introducirá visual y conceptualmente en la época:

Y ya podéis acercaros al resumen de su pensamiento:

Aquí hacemos hincapié en su pensamiento político, ya que se le considera como uno de los teóricos más importantes del periodo ilustrado. En él abundan reflexiones en torno a la naturaleza humana, la ciencia, las artes, la sociedad, el poder, la soberanía, el bien común, la voluntad general, la libertad, la igualdad, la educación, el progreso, etc. Conceptos sin los que no es posible entender el desarrollo posterior de la filosofía.

Rousseau es otro que se deja leer, así que aquí os dejo el “Discurso sobre las ciencias y las artes” con el que tan famoso se hizo, el “Emilio o de la educación” , sus “Confesiones”, de lectura altamente recomendada, y su principal obra, “El Contrato social”, de la cual sale el texto a comentar en la Evau (del libro primero, capítulos 6 y 7, concretamente).